domingo, 23 de marzo de 2008

Preguntas absurdas

Son ese tipo de preguntas que tienen una respuesta desde antes de que se hagan, con lo que se hacen o bien con una finalidad bien marcada, generalmente para que te hagan la pelota o te digan algo bonito, y a las que tú normalmente respondes con lo que la otra persona quiere escuchar, o bien para recalcar algo que es evidente y obvio, tan evidente que tan sólo el hecho de formular la pregunta la convierte en una gilipollez.
Existen dos tipos de preguntas absurdas:

1. LAS COMPROMETIDAS

Se dan por ejemplo cuando vas a comer a casa de alguien, y al terminar te preguntan: ¿Está bueno?
Esa pregunta ya cuando se hace tiene una respuesta, y quien la hace la sabe, y ya puede estar la comida como una mierda que esa respuesta no va a cambiar.
Respuesta: Sí, muy rico.
Pregunta consecuencia: ¿Quieres repetir?
Otro ejemplo de pregunta comprometida, y aunque estés tragando con los ojos cerrados y el plato que te hayan puesto sea el que menos te guste (ya sería mala suerte), tú respondes: - Bueno, un poquito más.
Y así continuamente, y todo porque estaría feo (sonaría mal), decirle a esa mujer:
- ¡Que no quiero más, coño! Que está asqueroso, las patatas están duras porque no las has descongelao, las croquetas están quemadas y el zumo de piña no me gusta, a ver si para una vez que vengo no te podías haber esforzado un poquito más, hija.
Y en vez de eso, el diálogo que se da al terminar es éste:
- ¿Te ha gustado, no? (Te meten el ``¿no?´´ para comprometerte aún más).
- Sí, sí. Todo muy rico.
- ¿Quieres postre?
A esta pregunta puedes responder: - No, ya estoy lleno.
Pero si la pregunta es: - ¿Qué quieres de postre?, ya no tienes elección.
Entonces, llegados a este punto, piensas: - Bueno, digo yo que esta mujer tendrá unas natillas normales o un yogurt natural o lo que sea.
Pero en ese momento aparece por la puerta con sus ``natillas caseras´´, que ha hecho esa misma mañana para quedar bien y, sobre todo, para que tú se lo cuentes a tu madre.
Y no tienes más remedio, empiezas a engullir (es mejor ni masticar) esas natillas duras como una piedra porque la señora se ha pasado con el caramelo o con yo no sé qué (no soy cocinero), y cuando terminas tú, generalmente el último con todos mirándote fijamente esperando un veredicto, te limpias la boca, coges aire, y dices: - Estaban buenas.
Y ya sientes como la tranquilidad es suprema, porque lo máximo que puede pasar ya es que te diga:
- Si te han gustado dile a tu madre que si quiere que le doy la receta. (Lo que te decía antes).
No contestas, y te das cuenta de que has aprendido una lección:
Si te invitan a comer a cualquier sitio, la mejor respuesta es ``no puedo, ya tengo comida en mi casa, otro día´´, y así hasta la próxima vez.

2. LAS DE RESPUESTA EVIDENTE

Son el tipo de preguntas que hacemos más que nada por aburrimiento, para mostrar nuestro asombro por algo, o simplemente porque no te das cuenta de que la pregunta que estás haciendo es una tontería:

Ejemplo del primer tipo, por aburrimiento:
Estás dando una vuelta desde hace media hora, y de pronto se te ocurre preguntar: ¿Dónde vamos? cuando sabes perfectamente que nadie sabe eso, que lo que estáis haciendo es caminar por caminar, sin un rumbo, y que la respuesta del otro va a ser: A dar una vuelta.
Una respuesta digna de la pregunta teniendo en cuenta de que lleváis MEDIA HORA camionando con una bolsa de gusanitos en la mano y pasando veinte veces por el mismo sitio.

Ejemplo del segundo tipo, para mostrar asombro:
Estás en tu casa, y llega alguien de tu familia que se había ido hacía un buen rato:
¿Ya has llegado?
Esta pregunta se lleva la palma, porque, vamos a ver, si LE ESTÁS VIENDO, QUE ESTÁ AHÍ, qué haces preguntando que si ha llegado, claro que ha llegado, además no sé cuál es la respuesta que esperas: - No, estoy de camino por la calle tal.
Pero lo más triste es casi siempre el otro, que está tan acostumbrado a que tú hagas ese tipo de preguntas, te da una respuesta parecida, y hasta entonces no te das cuenta de que la pregunta que has hecho e sun gilipollez como castillo de grande.

Ejemplo del tercer tipo, cuando no te das cuenta:
Estás por la calle, preguntas la hora, o miras la hora en donde sea, y dices, por ejemplo:
-¿Ya son las ocho?
No te está diciendo que son las ocho, pues serán las ocho, no te va a decir que son las seis siendo las ocho, o si lo has visto, NO HAS VISTO LA HORA, qué haces preguntando.
Luego, inmediatamente te lo piensas y te das cuenta de la pregunta que has hecho, aquí la diferencia con el tipo anterior, que te das cuenta tú solo, que es algo menos triste, y la reacción es que te empiezas a reír tú (solo también), y la gente se te queda mirando y pensando cosas raras sobre ti sobre cómo estás de la cabeza.

En fin, que este tipo de preguntas son muy frecuentes, y las he contado también un poco por experiencia propia, ya sé que es un poco triste, pero bueno, eso son cosas que le pasan a todo el mundo, o eso espero.